26.8.16

La vida compartirla.

La vida es compartirla.
Compartirla con personas. Personas que regalan momentos. Momentos dulces y amargos.
Épocas de la vida que invitan a compartir, a vivir.
Como esa época llamada verano. Donde la alegría se intensifica. Donde todos los días, los rayos de sol nos invitan a compartir, a vivir.
Verano, la estación que nos hizo coincidir.
El verano que nos hicimos amigos.
El verano entre besos y caricias.
El verano donde todo cambió.
Diferentes años. Diferentes sensaciones.

Vibra el móvil, una nueva notificación.
Un nuevo mensaje: “Necesito verte”.
Tu mirada, insegura, se dirige hacia el espejo. Tu pelo revuelto cae sobre tus hombros. Descalza. Con su camiseta que dejó en casa la última vez.
Pero tus ganas vencen a tu apariencia.
Un segundo mensaje: “En tu puerta. No arriesgues a que comience a gritar tu nombre”.

Nerviosa. Indecidida. Abres despacio la puerta. Y al verte con ese melena despeinada y esa camiseta, aparece su sonrisa donde tantas veces perdiste el norte.
“Ven, vamos”, a la vez que tiende su mano. La coges, sin dudarlo. Sin pensar en tu apariencia ni el que dirán. Corres, o intentas ponerte a su altura, y él solo se gira para dedicarte una de sus sonrisas.

Allí arriba. Con el sol dando sus últimos rayos y escondido tras la montaña.
Sin aliento. Sin palabras.
Comienza a hablar...

De pronto una voz: “Alicia, vamos. Llegas tarde”.

Abres los ojos y te das cuenta de que todo aquello, una vez más, es un simple sueño. Los primeros rayos de sol que entran tímidos por la ventana son señal de un nuevo día de verano.
Un día más sin tu compañía.

La vida compartida es más pero sin ti... Sin ti, no es vida.

22.8.16

Perdida.

Fin. Lo nuestro llegó a su fin. He llegado a la conclusión de que nuestro amor nunca fue. Comenzamos sin conocernos. Probar. Por olvidar. Nos consumimos. Queríamos dar más de lo que podíamos. Pero en mi mente no estabas tú. No pudiste ganar lo que él me robó tiempo atrás. Recordarlo, erizaba mi piel. El deseo de tener sus labios pegados a los míos. Echar de menos. Volver a sentir. Acabé con él, por ti. Me precipite. Y caí contra el suelo. No había levantado cuando un nuevo empujón me hacía caer. Aquí estoy, en el suelo. Inundada en lágrimas. Sin saber por cual camino continuar. Buscando una mano amiga que me ayude a levantar.

No hay luz. No hay esperanzas.

13.6.16

Un trece de marzo

Tres meses atrás. Sentía nervios. Perseguida por mi madre y por palabras para no olvidar nada. Cogí la maleta y al fin empezaba el viaje que haría conocer, tal vez, el chico de mi vida.
Hacia unos meses, incluso semanas, solo estaba en mis pensamientos aquel chico de Madrid. En ese tiempo que tienes a una persona que te hace tan feliz, crees ciegamente que te acompañará siempre. Sereis felices por siempre. Pero a veces no existe ni en las mejores películas. Con el chico de Madrid terminó, aunque me negaba a aceptarlo.
Como iba diciendo, me marcha durante una semana, fuera de casa. Y, sinceramente, no conocía lo suficientemente a nadie. Tras seis horas largas de autobús, tres de avión y un cambio imprevisto allí estábamos: Praga. Todo parecía normal y un viaje típico. Pero llegó esa noche. Aquella noche donde fuimos uno. Ahí comenzó el viaje. Perdidos por las calles, sintiendo el roce de tu mano y cúando llegaba la noche, el calor de tu cuerpo. Sentía que iba a quedar allí, en aquella semana. Pero tres meses después sigues a mi lado. Con mis cambios de humor y tus tonterías. Aun cojo tu mano para no querer perderte nunca mas.

3.12.15

2015.

Y ahora que llegan los últimos días de este año me paro a pensar y a recopilar, aunque probablemente no haya sido el mejor año, si el que más me ha hecho aprender.
Me he dado cuenta que hoy estás aquí y mañana ¿mañana? No lo sabes. La vida es un suspiro.
Ha sido un año con un poco de cada ingrediente: amor, alegría, ilusión, tristeza, un sin fin de sentimientos. El año ha finalizado con la compañía de los que realmente han querido y he querido que permanezcan a mi lado. Han entrado personas, sí, pero se han marchado o bien porque su presencia me destruía o simplemente porque era tiempo de partir. Esto es lo que más me ha marcado, el vacío que dejaste al marcharte. Sin embargo, han comenzado amistades y también las de siempre, las que año a año se mantienen a tu vera. En especial, quiero mencionarte a ti. Nuestra amistad ha ido más allá. Nuestra amistad ha dado un paso más y al acabar este año no quiero que estés en la lista de los que estuvieron pero se alejaron. Has sido la parte más importante del dos mil quince y deseo que sigas junto a mí. Luchando. 
También quiero acordarme de ti, aunque nuestra lealtad no cambia tras tantos años. Junto a ti ha sido una temporada de lo más especial, caracterizada por nuestras fiestas. Gracias a ti he olvidado mis problemas por unas horas entre música y bailes. Gracias.
Mencionaría a tanta compañía durante este año. Cada uno ha ido aportando un poco para llegar donde estoy y ser quien soy. Sin olvidar, a los enemigos, a los que se alejaron e intentaron hundirme gracias a gente así cada día soy más fuerte. Cada día me doy cuenta quien realmente merece la pena. Quien si. Quien no. 
Acaba otro año. Empieza uno nuevo. Cada vez más rápido. Seguir aprendiendo a base de caídas. Seguir aprendiendo de los que comparte la vida junto a mí.