13.6.16

Un trece de marzo

Tres meses atrás. Sentía nervios. Perseguida por mi madre y por palabras para no olvidar nada. Cogí la maleta y al fin empezaba el viaje que haría conocer, tal vez, el chico de mi vida.
Hacia unos meses, incluso semanas, solo estaba en mis pensamientos aquel chico de Madrid. En ese tiempo que tienes a una persona que te hace tan feliz, crees ciegamente que te acompañará siempre. Sereis felices por siempre. Pero a veces no existe ni en las mejores películas. Con el chico de Madrid terminó, aunque me negaba a aceptarlo.
Como iba diciendo, me marcha durante una semana, fuera de casa. Y, sinceramente, no conocía lo suficientemente a nadie. Tras seis horas largas de autobús, tres de avión y un cambio imprevisto allí estábamos: Praga. Todo parecía normal y un viaje típico. Pero llegó esa noche. Aquella noche donde fuimos uno. Ahí comenzó el viaje. Perdidos por las calles, sintiendo el roce de tu mano y cúando llegaba la noche, el calor de tu cuerpo. Sentía que iba a quedar allí, en aquella semana. Pero tres meses después sigues a mi lado. Con mis cambios de humor y tus tonterías. Aun cojo tu mano para no querer perderte nunca mas.